lunes, agosto 11

el patio



Los niños no escatimaban esfuerzos en pasar juguetes hasta el patio por medio de las rendijas de la ventana, ese cuarto no agradaba a sus ojos, lucía antipático y oscuro, era preciso para sus actividades furtivas un lugar que escapara al viaje, un espacio en donde pudiesen ver tranquilamente el cielo azul atravesado de nubes, formando, con sus curvas, figuras de memoria intacta. El único recoveco de la vivienda así era el patio, allí se podía vivir, cada vez que Juliana lograba visitar a Santiago ponían en juego alguna de sus maromas para llegar hasta la popa de la casa, compartían sus siete años, el aniversario de nacimiento y los secretos que tendían en los alambres de la platea, en el lugar mágico donde reunían más que trapos viejos y polímeros, reunían sopor de manos.

El día que Santiago decidió besarla, formó libélulas esquivando al sol con el rastro de azul que las nubes dejaban descubierto, luego miró el rostro exangüe y emprendió el camino hacia los labios rosáceos.

La mamá de Santiago decidió en ese momento emprender el camino hasta el patio para descubrir lo que los atraía últimamente al espacio trasero de la casa. No tuvo que salir completamente del corredor para ver qué sucedía:

______- ¡Santiago!, -gritó histérica. ¿Qué está pasando aquí?
______- Mamá, no hay tiempo para el amor.



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4 comentarios:

Anónimo dijo...

David ya sabes lo que pienso de esto que escribiste, es maravilloso no tengo palabras.. =)

|Andina| dijo...

odio a las madres inoportunas.
amo a el entusiasmo infantil.

Vanoy dijo...

Parece q hay varios fanaticos del patio. Gracias bombon. (L)

h. dijo...

no hay tiempo para el amor, pero siguen buscandolo.

que es el tiempo? (tic-toc)



h.